Premio Grau a las Artes

Con el propósito de integrar a los artistas de todas las regiones del país y abrir un espacio a las nuevas generaciones para dar a conocer, promover y apoyar su talento, la fundación Enrique Grau creó a partir de este año "El Primer Premio Grau a las Artes".

Este proyecto está inspirado en un hecho de la vida del maestro Grau, quien siendo muy joven ganó en el Primer Salón de Artistas Colombianos. Fue este reconocimiento y la beca que le otorgaron para irse a estudiar en New York. lo que sin duda alguna le ayudó, junto con su talento y disciplina, a formarse, a sembrar ese futuro promisorio y a ser el gran artista y hombre que fue.

La receptividad que tuvo nuestra primera convocatoria, al registrar 210 participantes, nos confirma que nuestro proyecto es viable y necesario, además que con él estamos cumpliendo entre otras, con nuestra misión de ser como institución y con uno de los deseos más profundos, que tuviese el maestro Grau en vida.

Monika Hartmann

Directora Ejecutiva

Fundación Enrique Grau Araujo

 

Primer Premio Grau a las Artes

Ganador: Oscar Orlando Villalobos

 

El desplazamiento no es un hecho inusual en la vida de Oscar Villalobos, un artista que tuvo que emigrar de las selvas de San José del Guaviare, su región natal, a diversos lugares hasta radicarse en Bogotá. No es extraño por lo tanto que el artista siga desplazándose, aunque ahora a través de la pintura, y no ya en las lanchas y canoas de su infancia, sino a pie, y tampoco ahora a través de una exuberante vegetación selvática, sino por las calles de una atestada jungla de cemento que ejemplifica el desordenado crecimiento de muchas urbes contemporáneas.

Sus nuevos desplazamientos pictóricos no son, por supuesto, tan exóticos ni tan singulares como los de su memoria, sino que, por el contrario, son los mismos desplazamientos de infinidad de hombres y mujeres que se traslada diariamente de sus lugares de habitación a sus trabajos y viceversa, y que, como el artista, van registrando visualmente los incidentes, los peatones, los semáforos, los coches de bebé convertidos en verdaderas misceláneas móviles, los vistosos letreros comerciales, los vendedores ambulantes con sus coloridas sombrillas que son como las flores de esta selva artificial, y los automóviles que se abren paso entre la multitud de personas que se ignoran mutuamente, cada cual imbuido en sus incertidumbres, sus dificultades, y cargando con su acompañada soledad.

Su obra conlleva un trasfondo social que conduce al observador a reflexionar sobre problemáticas como la movilidad en las grandes ciudades, la desalentadora rutina de su población, los gajes del trabajo informal, las desesperanza de los habitantes de la calle, la insalubridad de sus alimentos, y en general, acerca de la inquietud, la discriminación, y la desesperanza que parece haberse convertido en parte inamovible del paisaje citadino.

Eduardo Serrano

Curador y Crítico de Arte