Enrique Grau Araujo (1920 – 2004)

Maestro Enrique Grau

Nace el maestro, por escogencia de sus padres, en el Hospital Gorca, en la zona del Canal de Panamá en 1920; ellos buscaban un mejor ambiente de asepsia y una mejor atención medica.

Grau, transcurre su niñez y su adolescencia en Cartagena de Indias, ciudad a orillas del mar Caribe, llena de luces y leyendas. Mi hermano creció en el hogar de Don Enrique Grau Vélez y Doña Carmen Araujo Jiménez, con cinco hermanas y un hermano. Cuando tenía seis años de edad, la familia se trasladó a Bogotá y de niño viajó con frecuencia por el río Magdalena, en el ferrocarril de la ruta Calamar – Cartagena.

Enrique Grau Araujo, nació artista, se podría decir, que cuando vino al mundo, llegó con los pinceles dentro de los pañales.

Nuestra abuela materna, llamada cariñosamente Mamacita Concha, ayudó mucho a la formación de su cultura, por el ambiente que la rodeaba, al lado de semejante Matrona de Cartagena; ella incursionaba con éxito en la pintura, en la escultura, en el periodismo y como escritora con el seudónimo de Mery Feith. Concepción Jiménez de Araujo fue mecenas del gran pintor y retratista Epitafio Garay mientras vivió en Cartagena y en su residencia en el recinto amurallado, efectuaba reuniones semanales por la alta sociedad de Cartagena; en donde Enrique de niño, nutrió su sensibilidad para las artes.

Grau, no necesito de maestros o profesores, sus aptitudes como artista se desarrollaron espontáneamente en ese ambiente que vivió en su juventud y estimulado por una ilustre vecina, adelantada para su época (vestía como gitana y su cabellera era roja intensa), Doña Carmelita O’byrne de Gómez Pombo, en cuya casa, Enrique transcurría largas horas, leyendo los clásicos y copiando obras maestras que venían en las revistas cubanas, “Bohemia” y “Para ti”

Nuestro padre Enrique Grau Vélez, nunca estuvo de acuerdo con la profesión que visualizaba en su hijo y a él, poca gracia le hacía que Enrique en su adolescencia malgastara su tiempo en paletas y pinceles.

Mientras tanto, Grau pintaba el mundo que lo rodeaba, las muchachas del servicio; a sus amigas, las estrellas de cine, a sus hermanas, sus sobrinos y a si mismos en diferentes ocasiones.

La fuerza de su pintura siempre fue el dibujo, sus trazos en el papel o en el lienzo mostraban una total seguridad en el pulso, porque la línea que trazaba era clara definida y permanente; a pesar de que su vida transcurrió en una constante bohemia, este pulso lo acompañó durante, toda su carrera de pintor.

En 1941, el presidente de la República, Dr. Eduardo Santos, le otorgó por decreto una beca para estudiar pintura en New York por un año. La obra que lo hizo merecedor de este premio fue la MULATA, llamada posteriormente la MULATA CARTAGENERA y que gracias a la tenacidad de Ricardo Gómez Campuzano, amigo de mi familia, hizo que Enrique participara en el primer salón de artistas colombianos en la capital y en donde obtuvo la primera mención de honor.

En 1945, viaja a Bogotá y realiza la primera exposición individual en la Biblioteca Nacional y decide radicarse en la altiplanicie; participa en el salón anual de artistas costeños y gana el primer premio con su obra SAUDADE ($500 pesos) premio que compartió con el maestro Alejandro Obregón.

Maestro Enrique Grau

En los años siguientes, es profesor de dibujo, pintura y artes gráficas en la escuela de Bellas Artes en la Universidad Nacional.

En 1955, la Secretaria de Educación de Cartagena, bajo la dirección de Lácides Moreno Blanco, le otorga una beca para especializarse en pintura al fresco en Florencia y se inscribe en la academia de San Marcos. En esta ocasión, recorre varias ciudades italianas en bicicleta, buscando familiarizarse y conocer las técnicas empleadas en pintura y bronce de algunos artistas del siglo XV; porque recordando la historia, sabemos que Florencia en ese siglo, estuvo gobernada por la familia Médicis, ricos banqueros que emplearon su fortuna y autoridad en provecho de las artes. En esa época, la pintura evolucionó hacia un mayor conocimiento del cuerpo humano y un gran interés por la perspectiva, basada en el uso de la luz y la sombra, llamada por los entendidos: UNA DIMENSIÓN METAFÍSICA. En esta técnica se destaca pero de la Francesca (1415 – 1492), que influyó notablemente, no sólo en Grau, sino también en pintores contemporáneos tal como Picasso en su periodo Clásico. En ese viaje a Europa, que lo realiza con una curiosidad de arqueólogo, lo culmina con una travesía por el Medio Oriente, principalmente en Egipto, en donde a través de la lectura, la observación directa, sus visitas a los museos y un largo recorrido por el Nilo, acompañado de expertos del Museo de Historia de New York, lo convierten en un erudito con vastos conocimientos en Egiptología.

En 1971, en una de sus constantes visitas a Cartagena, encontró en el Palacio de la Inquisición, en una habitación húmeda, una colección de cuadros que representaban obras de algunos artistas Latinoamericanos, donados por la OEA., Grau decide organizar esta muestra y con la autorización de la Academia de Historia de Cartagena de Indias, las convierte en la semilla, en el génesis del Museo de Arte Moderno de la ciudad; organiza esta nueva entidad, creando una junta directiva que él preside y el maestro Alejandro Obregón es nombrado vicepresidente; el MAM sobrevive a unos embates políticos que tratan de expulsarlo de su sede (a un lado de la alcaldía mayor de Cartagena) y que gracias a la acción decidida del entonces presidente BELISARIO BETANCOURT y el dinamismo de su directora YOLADA PUPO DE MOGOLLÓN, hoy existe hasta nuestro días, para solaz del turismo nacional y extranjero.

German Rubiano Caballero en el catálogo “Selección de artistas colombianos”, dice “Dentro del arte colombiano, Grau ocupa un lugar indiscutible. Su extensa obra de pintor y dibujante es bien conocida y cotizad. Los numerosos premios recibidos y la larga lista de exposiciones individuales y colectivas realizadas acreditan la calidad y continuidad de su producción. Su interés figurativo es común con muchos artistas, pero su mundo es absolutamente personal”.

En 1984, el maestro comienza a producir una serie de esculturas en bronce en New York y que representan la tridimensionalidad de algunas de sus pinturas concentradas en la figura humana y en los objetos que la rodean; este conjunto de esculturas en bronce a color y que ha denominado “12 BRONCES PARA LA HISTORIA”

Después de 1990, lo que mucha gente desconocía, es que al final de sus días el maestro estaba casi totalmente ciego, la perdida de la visión, fue un secreto que no se dio a conocer ni a sus amigos, ni sus familiares. Un día, se disgustó conmigo, cuando entré sin anunciarme al estudio y lo sorprendí con un lente de aumento pintando un detalle de un cuadro que preparaba en caballete.

Maestro Enrique Grau

En 1998, Grau crea la obra que lo mostrará como el artista cartagenero de todos los tiempos. En nueve metros de diámetro y durante un período de dos años, realiza el plafón de las musas y el telón de boca del Teatro Heredia, que con la técnica de luz y sombra, muestra a Cartagena antigua en una alegría de colores con el homenaje floral a su ciudad nativa y en donde aparecen en una explosión todos los monumentos y bustos erigidos en honor a los héroes y figuras públicas que engrandecieron el patrimonio histórico, político y cultural de la ciudad. Enrique Grau agrega su propia cosecha un busto más, en la parte superior derecha, que el público no ha caído en cuenta que no existe, pero según criterio del maestro, la ciudad está en mora de hacer un homenaje a la vida y obra del historiador y gran humanista cartagenero: TITO DE ZUBIRÍA.

A partir de los años noventa, Enrique Grau se encontraba ya muy frágil en su salud. El enfisema pulmonar se agravó durante la ejecución de la escultura “SAN PEDRO CLAVER Y EL ESCLAVO” y se puede decir sin temor a equivocarme, que esta obra fue la causante de su prematura muerte, por las condiciones extremas donde trabajó, bajo las inclemencias del clima en los suburbios de Bogotá.

Grau, no era devoto cristiano, su viaje con el Doctor RELYNOLD en un submarino de la Armada Nacional, en el Océano Pacífico, para escuchar el canto de las ballenas desde las profundidades del mar y su visita a las Islas Galápagos, produjeron un cambio total en sus ideas religiosas y filosóficas y se convirtió en un creyente de las doctrinas de Cristo.

A finales de marzo de 2004, quedó recluido en cama. Me pidió por teléfono que lo acompañara, viaje a Bogotá y estuve a su lado durante tres días de vigilia. Fui testigo de la entrevista que tuvo en forma privada, con el párroco de la Iglesia vecina, quien le administro la extremaunción… En la Madrugada del día primero de abril de 2004 entregó su alma a Dios, dejando un inmenso legado artístico de su obra y de sus colecciones a la ciudad de Cartagena, su querida ciudad de sus ancestros…

Almirante Rafael Grau Araujo

Miembro de Número de la Academia de la Historia de Cartagena de Indias

Tomado del cuadernillo “Vida y obra del maestro Enrique Grau”